miércoles, 12 de octubre de 2011

Los tres pretendientes.



Hace mucho tiempo, en un reino cercano, vivía una princesa que era muy hermosa. La princesa era la única hija del rey y, dada su alta cuna y su enorme belleza, tenía muchos pretendientes. Pero ninguno de esos candidatos era suficientemente bueno para ella, así que los despreciaba a todos.
Un día, el rey, cansado de la indecisión de su hija, anunció una competición: el joven que fuera capaz de traer a palacio el objeto más maravilloso del mundo sería el ganador y, como premio, tendría la mano de su hija.
Finalmente, se presentaron tres aspirantes. Cada uno de ellos estaba decidido a encontrar el objeto solicitado y, de este modo, dieron palabra que, al cabo de siete meses, los tres se encontrarían en un cruce del camino para decidir quién era el afortunado.
El primer joven anduvo mucho tiempo. Pasó por aldeas, ciudades, villas y pueblos. Soportó lluvia, viento y sol. Un día, entró en una ciudad y oyó una voz que decía:
“Vendo un tonel, un tonel único, ¿quién  lo comprará?”
“¿Qué tiene de único ese tonel?”
“Es un objeto mágico, señor. Si os metéis dentro, os llevará al instante dónde queráis”.
El joven pensó: “Oh, en verdad es un objeto maravilloso. Seguro que yo seré el ganador” y lo compró por una bolsa de monedas de oro.

El segundo joven caminó semanas y semanas. Subió montes, descendió montañas. Atravesó ríos y cruzó puentes. En una pequeña aldea, oyó una voz que decía:
“Vendo un espejo, un espejo mágico, ¿quién lo comprará?
“¿Por qué es mágico ese espejo?”
“Este espejo, señor, os permite ver cualquier lugar del mundo y lo que hacen sus gentes, sólo con desearlo en vuestro pensamiento”.
“Oh, en verdad es un objeto maravilloso –pensó el joven- seguro que yo seré el ganador” y compró el espejo por dos bolsas de monedas de oro.

El tercer joven recorrió todas las tierras que conocía. También deambuló por lugares que no existían. Tanto y tanto avanzó que, un día, escuchó una voz que decía:
“Vendo una llave, una llave muy especial. ¿Quién la comprará?”
“¿Qué tiene de especial esta llave?”
“Esta es la llave de la vida, señor. Es tan poderosa, que puede devolver la vida a alguien que murió”.
“En verdad es maravillosa”, dijo el joven. Y la compró.

Al séptimo mes, los tres jóvenes se volvieron a encontrar en el cruce de caminos para discernir quién sería el vencedor. El joven del espejo, enseñando las virtudes de su hallazgo, le pidió al espejo: “Espejo, enséñanos qué está haciendo en estos momentos la princesa”. Y el espejo enseñó a la princesa muerta en su lecho y a su padre, y a toda la corte, llorando desconsoladamente.
Entonces, el otro joven ordenó: “Rápido, entrad dentro del tonel”. Y, sólo con pensarlo, los tres se encontraron en el castillo, al lado del desolado monarca y la princesa fallecida.
El tercer joven sacó de la bolsa una llave. Se acercó a la princesa, la puso sobre su corazón y, en ese mismo instante, el pulso de la joven volvió a latir.
El rey estaba loco de alegría. Era tanta su dicha y tan grande su contento… que no sabía cómo agradecerles a los jóvenes lo que habían hecho. No podía decidir cuál de ellos era el ganador ya que se sentía en deuda con los tres.
Por su parte, la princesa, seguía tan indecisa como siempre. Ahora que tenía otra oportunidad de disfrutar su vida, no estaba segura de con quién quería compartirla. Así que seguía preguntándose una y otra vez cuál de los candidatos sería el perfecto.
Mientras, los tres jóvenes, no paraban de discutir. El primero decía que, gracias a su tonel, “había podido llegar con rapidez a palacio y así salvar a la princesa”. El seguro comentaba que, sin su espejo, “ni siquiera sabrían de la mala noticia” y no habrían podido actuar con tanta premura. El tercer joven sentenciaba que era su llave “el objeto que había devuelto la vida a la princesa” y que, en consecuencia, merecía ser su esposo.
Y pasó el tiempo. El rey no se decidía, la princesa vivía en un mar de dudas y los tres jóvenes no paraban de discutir. Y el tiempo siguió pasando.  Ahora, el rey ya es muy viejo. Los jóvenes ya no son tan jóvenes. Y la princesa ya no es tan hermosa.

(Adaptación basada en un cuento popular)

6 comentarios:

  1. Eres muy sabia, Tortuga Veloz...

    Que tu Blog se convierta en el más mágico remedio...

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  2. Muchas gracias, Maga. Sólo cuento las historias que ya se han explicado alrededor de otras hogueras, como la tuya. Un abrazo.

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  3. Muy Bueno ,Tortuga Veloz

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